Nuevamente se publica correspondencia de José Antonio de San Sebastián

Recientemente, la Fundación Digital Bible ha incorporado al P. Donostia entre sus Humanistas  con la publicación de un audiovisual sobre su vida y su obra y la publicación de las cartas que intercambió con el músico y musicólogo Felipe Pedrell: “Al unísono estamos”. Epistolario Donostia-Pedrell 1915-1918. Para ello han consultado tanto nuestro Archivo como nuestra Biblioteca.

Edición, precedida de una sólida introducción y con acertadas anotaciones críticas, del conjunto de cartas (unas 70) que entre los años 1915 y 1918 intercambiaron los famosos músicos Felip Pedrell i Sabaté (1841-1922) y el religioso capuchino José Antonio de Donostia (José Gonzalo Zulaica Arregui, 1886-1856). El padre Donostia fue discípulo de Felip Pedrell, y con este músico catalán compartió el interés de promover la reforma musical en la liturgia a partir de las disposiciones del motu proprio del papa Pío X Tra le sollecitudini (de 22 de noviembre de 1903), donde se daban unas indicaciones que, de forma pionera, ya habían comenzado a impulsar en España los reverendos Vincenç Ripollès († 1943), prefecto de música de la catedral de Valencia (que incentivó la recuperación del canto gregoriano y la polifonía sagrada) y, también, el jesuíta Nemesio Otaño († 1956), notable reformador de la música sagrada y gran entusiasta de la reforma musical promulgada por el papa Santo.

Felip Pedrell, de niño, había sido cantor en la escolanía de la catedral de su Tortosa natal, y después se forma musicalmente en Barcelona, Roma y París. Fue profesor del Conservatorio de Madrid y se convirtió en un gran estudioso de la música popular y de la música polifónica de los siglos XVI y XVII y, a su vez,  fue un gran promotor de los estudios de musicología moderna, logrando una maestría muy fecunda que le otorga discípulos de la gran talla musical como eran Isaac Albéniz, Enric Granados, Manuel de Falla, Higini Anglès y José Antonio de Donostia, entre muchos otros. A su vez, Felip Pedrell colabora con el músico y compositor capuchino, Nicolás de Tolosa (condiscípulo de José Antonio de Donostia, véanse las páginas 99 y 121) y, a su vez, compartió ideales y proyectos musicales con el organista y maestro de capilla de la parroquia barcelonesa de la Concepción, Robert Goberna († 1934), entre otros muchos músicos y compositores de su tiempo.

Felip Pedrell mantiene, pues, una buena relación intelectual con el padre Nicolás de Tolosa († 1923), miembro de la fraternidad capuchina del santuario barcelonés de Pompeya, que conoce a través de Carme Karr, feminista católica y admiradora de la obra social y cultura que impulsa en la Ciudad Condal el capuchino Rupert M. de Manresa (ver la carta núm. 16 de 16 de febrero de 1915). En efecto, Felip Pedrell y Nicolás de Tolosa compartirán el interés por el canto tradicional.

En la primera de las cartas del padre Donostia, escrita desde el colegio de Lecároz, y datada el 16 de enero de 1915, el músico capuchino solicita consejo y maestría a Felip Pedrell: “He enderezado mis entusiasmos hacia los trabajos folklóricos vascos, de recolección de música popular, y creo que no puedo tener mejor consejero que quien como usted se ha pasado la vida en esos menesteres” (p. 56) y lo volvía a hablar, todavía, en la segunda carta que le envía el día 21 de enero: “Mi mayor deseo sería pasar un par de años a su lado y ayudándole en sus trabajos, aprender yo a estudiar” (p. 64). Poco tiempo después, el joven capuchino José Antonio de Donostia se haría presente en Barcelona para seguir algunos cursos sobre composición musical con Felip Pedrell.

Este epistolario, preparado por José Barroso Castro, experto en crítica textual, y por Teresa Zulaica Arsuaga, sobrina del padre Donostia, profesora de piano (y a su vez estudiosa de la obra musical de su tío, con la colaboración del capuchino navarro Jorge de Riezu) va poniendo de manifiesto, carta por carta, cuales fueron las preocupaciones personales y estéticas de estas dos grandes figuras de la música hispana que supieron demostrar a sus contemporáneos un peculiar interés por la promoción de las tradiciones populares y por el patrimonio de la música sacra hispana, en todo momento con el deseo compartido de “hacer la obra de arte obra de amor”.

El conjunto de cartas de Felip Pedrell que recibió el capuchino José Antonio de Donostia entre 1915 y 1918 las conservaba su sobrina, Teresa Zulaica; ahora, una vez editadas en este volumen, las ha depositado en el Fondo P. Donostia en la “Fundación Digital Bible”, en Pobra do Caramiñal, mientras que las cartas que el padre Donostia remitió a Pedrell se encuentran archivadas en Barcelona dentro del Fons Felip Pedrell en la sección de música de la Biblioteca de Catalunya. Cabe señalar que la carta núm. 7 (fechada en Comillas el 29 de enero de 1915) es del padre Nemesio Otaño dirigida a Felip Pedrell, però referida toda ella al capuchino José Antonio de Donostia. Los editores del presente epistolario mantienen una escrupulosa fidelidad filológica y, sólo, el nombre de los meses del calendario que entonces se escriben en mayúscula, se ha optado por ponerlos en minúscula, tal como ahora se hace.

Cabe señalar que algunas personas nombradas en las cartas no han podido ser identificadas por los editores, por ejemplo el caso del “P. Esplugas”, en la página 182 (carta núm. 59, de Pedrell a Donostia, del 18 de diciembre de 1916), nombre que no ha sido indexado en el “Índice de nombres citados en el epistolario” y se refiere al capuchino Miquel d’Esplugues († 1934), y también, la Revista allí aludida, es justamente la Revista de Estudios Franciscanos; o bien el caso del “Padre Jaime”, nombrado en la carta núm. 65 (23 octubre 1917), que se refiere al hemano menor capuchino Jaume de La Cot († 1936), colaborador del padre Rupert M. de Manresa y a su vez gran amigo de intelectuales y artistas, como era el escritor Joaquím Ruyra, terciario capuchino. También, el “Padre General”, nombrado en la página 104 (carta del 12 de marzo de 1915), se refiere a Venanci de Lisle-en-Rigault, ministro general de los hermanos menores capuchinos, que concedió a José Antonio de Donostia el permiso para poder completar los estudios musicales con el maestro Felip Pedrell: “El P. General estuvo la semana pasada. Y el horizonte que yo me imaginaba cerrado, ha resultado que ocultaba un sol hermoso. Me ha dado todo género de permisos” (p. 104). 

Este epistolario nos ofrece numerosos y significativos datos para la elaboración de la historia de la música popular y litúrgica en el úmbral del siglo XX, con detalles muy interesantes, como, a modo de ejemplo las primeras impresiones aportadas sobre la trágica muerte de Enric Granados en la página 169: “Ha perecido Granados, torpedeado el vapor con que regresaba triunfante a la madre patria. Usted que le quería y le admiraba llorará y hará votos por el descanso de su alma en las regiones celestes. Su muerte me ha afectado y trastornado mucho” (carta de Pedrell a Donostia, 30 de marzo de 1916). Una cordial felicitación a los editores por tan significativa aportación a la historia musical. 

Fra Valentí Serra de Manresa, OFMCap.