Alejandro Labaka
Alejando con Incohue e Inihua (su “padre”). Inés y Deta

Ritual de adopción.

Me levanté inundado de una gran alegría. Tal como estaba, en paños menores, me adelanté hasta el jefe de la familia, Inihua y Pahua, su señora; junto a mí se hallaba ya el hijo mayor. Con las palabras padre, madre, hermanas, familia me esforcé en explicarles que ellos, desde ahora, constituían mis padres, hermanos; que todos éramos una sola familia. Me arrodillé ante Inihua y él puso sus manos sobre mi cabeza, frotando fuertemente mis cabellos, indicándome que había comprendido el significado del acto. Hice otro tanto ante Pahua llamándole “Butobara” mi madre); ella, posesionado de su papel de madre, me hizo una larga “camachina” (aconsejar), dándome consejos. Luego puso sus manos sobre mi cabeza y frotó con fuerza mis cabellos.

Me desnudé completamente y besé las manos de mi padre y de mi madre Huaorani y de mis hermanos, reafirmando que somos una verdadera familia. Comprendí que debía despojarme del hombre viejo y revestirme más y más de Cristo en estas Navidades. Todo se desarrolló en un ambiente de naturalidad y emoción profunda, tanto para ellos como para mí, sin poder adivinar todo el compromiso que este acto puede entrañar para todos.

Me vestí de nuevo y ellos comenzaron a preguntarme cómo se llamaban mi padre, mi madre, mis hermanos. Esto me sirvió para decir los nombres de mis padres y hermanos, añadiendo que, además, ahora les tenía a ellos de padre, madre y hermanos.

Fueron ellos los que me hicieron caer en cuenta del parecido de los nombres de mis padres con los suyos:

Ignacio / Inihua; Paula /Pahua

Cuando llegaban otras familias noté que Inihua les describía lo sucedido y volvían a preguntarme los nombres de mis padres y hermanos.

Una digresión de Misionología.

Posteriormente llegué a reflexionar sobre este acto, pensando los pros y los contras: Para mis Superiores y futuros misioneros en estas circunstancias quiero consignar mis opiniones, sobre todo para los primeros, a fin de que juzguen si estuve acertado o equivocado:

Temí ser un rechazo para la cultura y costumbres Huaorani si me manifestaba demasiado rígido; por eso juzgué un deber el manifestarme y comportarme con toda naturalidad, igual que ellos, aceptando todo, excepto el pecado. Veamos un caso práctico: Me quedé sólo con la ropa puesta y llegó un momento en que no podía aguantar por el sudor y la suciedad. En esas circunstancias, comprendí que el misionero, si le toca andar por la selva con ellos, debe andar igual que ellos para poder vestirse cuando llegue la ocasión del frío de la noche. ¡Dichosos los misioneros que tengan la piel tan curtida que puedan aguantar el trato de la selva tropical!

Hoy, 21 de julio de 2017, se cumplen 30 años de la muerte de Alejandro Labaca. Para la ocasión hemos rescatado dos pasajes de su Crónica Huaorani que les invitamos a conocer completa en nuestra biblioteca digital (BiDiCap) o acudiendo a nuestras bibliotecas donde podrán consultar tanto esa como el resto de sus obras. Además también están ya accesibles en BiDiCap copias de las obras Arriesgar la vida por el evangelio de Rufino Grández y Tras el rito de las lanzas : vida y luchas de Alejandro Labaka en el que recopiló los textos, realizó de los comentarios sin firma y se encargó de la edición, Miguel Angel Cabodevilla  y los dibujos que contiene están realizados por  Antonio Oteiza.  Estas últimas también están disponibles en papel de forma presencial junto al  resto de obras escritas sobre él.

Ambos listados, el que contiene sus obras y el de las obras sobre su figura, pasan a formar parte en nuestro OPAC de nuestras Bibliografías recomendadas.